Iglesia en América Latina

«Nos proponemos colaborar con la Iglesia a vivir la sociedad secular como un signo de los tiempos que ofrece la oportunidad de tener una renovada presencia en el seno de la historia humana. En la sociedad secular madura se abren espacios a las complejas dimensiones de la libertad humana entre las que destaca la libertad religiosa. En la sociedad secular madura se dan las condiciones para el surgimiento de ambientes propicios a procesos religiosos personales, independientes de la presión social o étnica, en los que es posible preguntarse a fondo y elegir libremente el seguimiento de Jesús, la pertenencia a la comunidad eclesial y un estilo de vida cristiana en los ámbitos social, económico, cultural y político.»

 

– Arturo Sosa Abascal S.J.

Prepósito General de la Compañía de Jesús. 

La importancia del Cristianismo en el devenir del mundo ha tenido y tiene un papel protagónico, a veces marcando tendencia en las transformaciones humanas y otras veces conservando estructuras culturales que no siempre son compatibles con el bien común. Esto sucede como resultado de la diversidad en el Cristianismo y las tensiones permanentes en su interior entre distintas interpretaciones del quehacer de la Iglesia, e incluso del significado del Evangelio y las exigencias que tenemos como cristianos.

No es para menos, la intensidad del mensaje de Jesús aún puede estremecernos como pueblos latinoamericanos si lo descubrimos como comunicación del Dios madre-padre que ama a todos desde su más profunda intimidad y desea realizarse en la historia. ¿Cómo se ha conciliado esta buena nueva con la historia del Cristianismo en Latinoamérica y Occidente? Esta pregunta nos lanza a redescubrir grandes humanistas, defensores de los explotados y vulnerables, estrellas que resplandecen como evangelizadores para los hombres, ejemplos como Fray Bartolomé de las Casas O. P., Francisco Javier Clavijero S. J., los proyectos evangelizadores por parte de las órdenes religiosas, como dominicos, franciscanos, jesuitas, agustinos… en tiempos de la colonia, hoy siguen teniendo continuadores en muchos hombres y mujeres que, impulsados por el Concilio Vaticano II, han contribuido en el proyecto de encarnar el Evangelio en medio de los procesos culturales y sociales, sabiendo que “No hay verdadero anuncio de Cristo, ni verdadera proclamación de su Evangelio, sin un compromiso resuelto por la promoción de la justicia”.

Con el papa Francisco en su invitación por acelerar la encarnación del Concilio Vaticano II podemos retomar las invitaciones que la Congregación General XXXII nos hizo sobre “la necesidad de un conocimiento más profundo de los hombres, en sus aspiraciones y de su modo de sentir” viendo claramente también las opresiones de “instituciones económicas, sociales, políticas y culturales de ámbito mundial y de fuerza aplastante”.

El propósito de esta línea del tiempo es tener presente estos anhelos como parte de nuestro proyecto personal, comunitario y eclesial. Para ello un primer paso es dar a conocer y compartir importantes acontecimientos del siglo XX que transformaron nuestra historia y que bien pueden seguir transformando nuestra forma de entendernos como cristianos.

Esta revisión histórica de la tradición eclesial postconciliar, considerando especialmente sus especificaciones latinoamericanas e ignacianas se vuelve pertinente en el pontificado del papa Francisco, y también con las invitaciones que el Prepósito General de la Compañía de Jesús, Arturo Sosa Abascal a seguir el soplo del Espíritu.

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